Juegos cortos (o no)
Ultimamente es bastante común escuchar a alguien que se queja de lo corto que es un juego. Hoy en día no es raro que un juego duré menos de diez horas de juego. Por una fiebre retro que ha infectado a varios en mi trabajo, nos ha dado por jugar juegos viejos como Head over Heels o Sir Fred (que disponen de magníficos remakes al pixel por si os animáis). Con todo lo frustrante que resultaba Sir Fred, acabamos buscando un walkthrough en formato RZX que nos permitió ver en el emulador a un tal Keith Rundle acabarse el juego en poco más de 10 minutos, haciendo uso, eso si, de un prodigioso dominio del narigudo protagonista.
Es cierto que hace un par de generaciones los juegos duraban más, pero no porque fueran más largos, sino porque no te dejaban progresar con la misma facilidad. Compara Head over Heels, donde poco a poco ibas aprendiendo las pantallas y, cada nueva partida, solucionabas el trozo conocido y aprendías un poco más con un juego moderno plagado de checkpoints donde mueres y empiezas una y otra vez en cerca de donde has muerto. Por no hablar de BioShock donde, básicamente, la muerte consiste en ser teleportado a otro punto del mapa.
Lo interesante de los juegos hoy en día es que nos hemos dado cuenta que, quien debe imponerse el reto es el propio jugador. Y, los juegos que mejor solventan esto son los que integran la dificultad como un mecanismo para hacer progresar al jugador y es este quien decide hasta donde quiere progresar.
Halo 3 es un juego asequible para cualquier jugador, independientemente de su nivel de experiencia. El modo Heroico necesita un poco más de habilidad y el modo Legendario esta fuera del alcance de un jugador medio a menos que cuente con ayuda de otros jugadores humanos. Una vez acabado el juego en modo Normal y con cierto dominio del juego, tienes a tu disposición retos mayores y, importante, opcionales. Queda a elección del jugador llevar más allá el juego y intentar dominarlo completamente, consiguiendo superar el modo Legendario, ganar niveles en el online y encontrar todas las calaveras secretas.

Personalmente, agradezco que el juego se pueda terminar en unas 10-15 horas. Para la cantidad de horas que puedo jugar a la semana, esa duración me permite acabarme los juegos que empiezo. Además, cuando uno llega a cierta edad, comprarse un juego cada mes es algo que no representa demasiado sacrificio y si aporta mucho. Decía Raph Koster en su libro A Theory of Fun que la diversión que nos aporta un juego consiste en aprender cosas. Cuando dominamos completamente el juego, este deja de ser divertido. Acabarse un juego es un reto y proporciona satisfacción, pero cambiar oxigena mucho. Y siempre recuerdas más (y acabas comprando los siguientes juegos de ese desarrollador) cuando un juego te lo acabas deseando más que cuando lo dejas tirado por aborrecimiento.
Comentarios.
Hombre, hay excepciones. TodavÃa recuerdo el Secret of Evermore que era inmenso de grande, y sà te dejaba avanzar.
Aunque también recuerdo aquellas pantallas que te aprendÃas de memoria de tanto repertirlas una y otra vez.
Escribe tu comentario
Si quieres dejar un comentario Inicia sesión o Registrate
